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103 años de la consagración de la virgen de Itatí como patrona y protectora de la Diócesis de Corrientes

Consagración a la Virgen “Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí”

Al cumplirse este viernes 103 años de la consagración de la virgen de Itatí como patrona y protectora de la Diócesis de Corrientes, el arzobispo Andrés Stanovnik envió un mensaje para renovar la esperanza y abrazar el presente. «Cómo no suplicarle a la virgen que nos cuide una vez más en esta prueba que estamos superando y pedirle que consuele a los familiares de nuestros difuntos y proteja a los que están sirviendo y arriesgando su salud por nosotros. Al mismo tiempo, rogamos que nos acerque más a su hijo Jesús», fueron algunos sentimientos del arzobispo.

Se cumplen hoy, 103 años de la consagración a la Virgen “Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí” como Patrona y Protectora de la Diócesis de Corrientes.

En Itatí, frente al antiguo Santuario, el martes 23 de abril de 1918, el entonces Obispo de Corrientes, monseñor Luís María Niella, proclamó a la Virgen de Itatí Patrona y Protectora de la Diócesis de Corrientes. Ese mismo día bendijo el nuevo camarín en el que la imagen de la Patrona fue entronizada. Fue el Papa Benedicto XV quien facultó a Niella para que presidiera la solemne ceremonia y realizara la proclamación oficial.

“…La proclamación de la Virgen de Itatí ́ como Patrona y Protectora no es una ceremonia estéril y sin consecuencias en la vida real. Hemos coronado esa imagen milagrosa, que ostenta ya su diadema real, y a la que solo le falta el cetro en las manos. Y ¿existen acaso oro mejor ni perlas más brillantes, para ofrecerle, que nuestras almas y nuestros corazones, que valen más que las estrellas del cielo y el oro del mundo? Si la Virgen de Itatí́ no ha cesado de favorecernos ¿qué no hará́ en adelante después de que hayamos puesto bajo su protección nuestro presente y nuestro porvenir, nuestros bienes temporales y nuestras esperanzas eternas? Proclamaremos a la Virgen de Itatí Patrona y Protectora, no solamente de nuestros destinos eternos, sino también de nuestra mísera y pobre vida. ¡Que ella, Reina y Madre, nos cuide, nos defienda, nos proteja!” (Extractos de la Carta Pastoral de monseñor Niella en 1918).

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